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22 ago. 2012

El test no invasivo para detectar el síndrome de Down en el embarazo ya está a la venta en algunos países

Hace años que se habla de la posibilidad de saber si una mujer embarazada espera a un bebé con síndrome de Down mediante una prueba no invasiva que no comporte riesgo de aborto. Ahora parece que la posibilidad se hace realidad, ya que el test ya existe y hace una semana que se comercializa en clínicas de Alemania, Austria, Liechtenstein y Suiza. El nombre comercial del test es PraenaTest y ha sido desarrollado por la empresa LifeCodexx. En principio, la prueba está dirigida exclusivamente a embarazadas con un tiempo de gestación superior a 12 semanas y con un riesgo alto de tener un bebé con síndrome de Down. Imagino que este cribado se realizará cuando sea el estado el que tenga que pagar la prueba, de igual modo que sólo se hace una amniocentesis cuando está indicado por protocolo, porque si una pareja lo quiere hacer sin cumplir esos requisitos (sobretodo el del alto riesgo de tener un bebé con síndrome de Down), lo más probable es que pagando puedan hacérsela, de igual modo que en España, si una pareja paga, se puede hacer una amniocentesis (en Cataluña decimos “pagant, Sant Pere canta”, que se traduce como “pagando, San Pedro canta”. El test detecta si el feto tiene síndrome de Down mediante un análisis de sangre de la madre. Se dice que no es una prueba invasiva porque no se invade el espacio del bebé y así se elimina el riesgo de aborto de la amniocentesis, que es de entre un 0,5 y un 1%. La prueba es totalmente fiable, pues tiene una sensibilidad del 100%, no habiendo falsos negativos, y una especificidad también del 100%, no habiendo falsos positivos. Evidentemente, la polémica esta servida con este nuevo test. La empresa que lo comercializa defiende el producto explicando que el objetivo es reducir el número de abortos (hasta 700 al año solo en Alemania) derivados de las pruebas invasivas (si las parejas lo van a mirar igualmente, al menos que no haya riesgo de aborto), sin embargo la Federación Internacional de síndrome de Down (que intentó evitar la comercialización del test, al solicitar que se reconozca “la condición humana y se proteja el derecho a la vida de las personas con síndrome de Down o cualquier otra discapacidad”) y otras organizaciones éticas y religiosas se han quejado porque muchas parejas que no se harían la amniocentesis sí se harán esta prueba, pudiendo aumentar así el número de abortos. Lifecodexx, por su parte, ha declarado que está preparando nuevos tests para detectar otros problemas cromosómicos que puedan darse durante el embarazo, haciéndonos pensar que, si esto sigue así, será difícil ver en el futuro a personas que nazcan con algún desorden genético. Ahora el debate alrededor de la prueba ya se ha originado en España, ante la posibilidad de que dicho test llegue a nuestro territorio. Miriam y yo siempre hemos comentado que ni nos haríamos la amniocentesis (bueno, se entiende que no se la harían a ella) ni nos haríamos esta prueba, porque hablando de la posibilidad de que alguno de nuestros hijos viniera con alguna discapacidad tomamos la decisión de que lo tendríamos igualmente. Sin embargo, soy consciente de que la mayoría de la población no piensa igual y seguro que esta prueba será bien recibida si al final llega a nuestro país, pues los datos son claros: el 95% de las parejas que son informadas de que esperan a un bebé con síndrome de Down aborta, o lo que es lo mismo, dicho en números, de cada 20 parejas que se enteran que tendrán un bebé con síndrome de Down, sólo una decide seguir con el embarazo

7 ago. 2012

Los lácteos en las diferentes etapas de la vida

Lácteos en la infancia La infancia es una etapa crucial para el desarrollo físico y mental. El cuerpo pasa por cambios extremos físicos durante los primeros años; implica el aumento marcado de la altura, es decir, procesos anabólicos en el tejido óseo y el crecimiento muscular, traducidos en una mayor demanda de energía y nutrimentos específicos.1 En el periodo comprendido entre los 9 a 24 meses de edad, los procesos alimentarios cambian rápidamente debido a la transición y adaptación del niño a la dieta familiar, en este periodo existe una gran vulnerabilidad para presentar deficiencias de nutrimentos. Extensos estudios documentan la frecuente deficiencia de Hierro en niños de 1 a 4 años de edad, así como bajo consumo de grasa, Zinc, Vitamina C y E. El nutrimento inorgánico más abundante en el cuerpo es el Calcio y dado que el “pico de masa ósea” se adquiere durante las primeras décadas de la vida, el control de la mineralización del hueso durante la etapa infantil supone una obligación ineludible para el profesional de la nutrición.2,3 Briefel y sus colaboradores, sugieren la inclusión correcta de lácteos desde la infancia para la prevención de obesidad y enfermedades cardiovasculares.4 Por otro lado, Fiorito encontró una reducción del riesgo de presentar cáncer en la adultez, con una ingestión adecuada de Vitamina D durante la niñez.5 Desde la vida intrauterina, en el período post-natal, e incluso en los primeros tres años de vida, el requerimiento de ácido docosahexaenoico (DHA) por parte del cerebro y de la retina es fundamental para la función posterior de ambos tejidos. El DHA es un ácido graso altamente insaturado que pertenece a familia de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga. Participa en el desarrollo y función del sistema nervioso, en el órgano visual del feto y del recién nacido. Actualmente se puede encontrar adicionado en lácteos para tener un buen desarrollo cerebral. Lácteos en la adolescencia Investigaciones han demostrado que hoy en día el consumo de leche se ha sustituido por otras bebidas. Este hábito puede llevar a un inadecuado consumo de Calcio el cual afecta a varios segmentos de la población, en especial niños y adolescentes.4 Según el Centro Nacional para el Control de Enfermedades de la Juventud en su encuesta de vigilancia del comportamiento de riesgo encontró que sólo el 11% de las mujeres adolescentes y 23% de los hombres consumen sus 3 porciones de lácteos por día.7 Ford demostró que la ingestión de lácteos en niñas adolescentes asegura un consumo adecuado de Calcio incrementando también el consumo de vitaminas A y D, proteínas, Fósforo y Magnesio, obteniendo así los requerimientos necesarios para el desarrollo femenino.8 Durante esta etapa las mujeres adolescentes experimentan síntomas emocionales y físicos recurrentes durante su ciclo menstrual. El síndrome premenstrual está representado por tensión, irritabilidad, depresión, ansiedad, cambios de humor, distensión abdominal y sensibilidad en las mamas, entre otras. Existen estrategias alimentarias para disminuir los efectos del síndrome premenstrual como el aumento del consumo de lácteos, ya que el Calcio influye significativamente a solucionar esta condición. En un estudio se encontró que las pacientes que consumían regularmente leche, yoghurt y queso presentaban con menos frecuencia estos síntomas que las que tenían un consumo bajo.9 También en la adolescencia existen importantes cambios psicológicos, que pueden tener un impacto importante en las conductas alimentarias y la nutrición de estos pacientes.1 La orientación alimentaria disipará dudas y preocupaciones en cuanto a la ganancia de peso, ya que el Calcio ayuda a mantener un peso saludable y a controlar la cantidad de masa grasa.7 Lácteos en la adultez Está comprobado que al pasar de la adolescencia a la adultez el consumo de lácteos disminuye. Tan sólo el 53% de los hombres y 21% de las mujeres de 19 a 30 años consumen la cantidad requerida de Calcio.10 El 39% de los hombres y el 43% de las mujeres de 20 a 29 años consumen menos de 1 porción de lácteos por día.11 Existe evidencia de que el consumo de lácteos durante el embarazo disminuye el riesgo de desarrollar preeclampsia gracias a que el calcio puede reducir la sensibilidad vascular a agentes vasopresores, asimismo se observó una reducción significativa en la sensibilidad vascular a la angiotensina II después del adecuado consumo de calcio.12 Por otro lado, se ha comprobado que la deficiencia del Magnesio está asociada con depresión. Un consumo adecuado de este mineral puede ayudar con su prevención, aunque existen otros factores determinantes de esta enfermedad.13 Otra de las ventajas del consumo adecuado de lácteos, y por lo tanto de Calcio, es la regulación de la presión sanguínea. La dieta DASH (The Dietary Approaches to Stop Hypertension) ha demostrado que la combinación de una alimentación con verduras, frutas y lácteos bajos en grasa reduce efectivamente la presión sanguínea en pacientes con y sin hipertensión. Se cree que el Calcio disminuye la actividad del sistema renina-angiotensina, mejorando el balance sodio-potasio e inhibe la constricción de la célula vascular del músculo liso. el consumo de Calcio además de facilitar la pérdida de peso, mejora la sensibilidad a la insulina lo que también contribuye a la disminución de la presión sanguínea.14 Con lo anterior se evidencia la necesidad de la intervención nutricional para incrementar el consumo de lácteos en la adultez, donde se adquiere una responsabilidad de la propia alimentación. Nutrición y adultos mayores Se afirma que el envejecimiento poblacional en México se debe a la reducción de la tasa de fecundidad y mortalidad. Lo cual está generando un incremento de la población de los adultos mayores y una reducción de la población joven y en edad de trabajar.15 En esta etapa, uno de los mayores problemas presentes es la osteoporosis, asociada con la baja ingesta de calcio durante la vida, llamada “la enfermedad pediátrica con consecuencias geriátricas”.8 La pérdida gradual de la dentadura ocasiona problemas de masticación y por lo tanto puede disminuir el volumen de alimentos consumidos, ocasionando una alimentación de menor calidad. Los lácteos además de garantizar los requerimientos de calcio, mejoran el consumo de otros nutrimentos para disminuir el riesgo de desnutrición.16 La dieta completa es un pilar para que los adultos mayores se sientan más saludables, los mantiene activos durante más tiempo, los protege contra enfermedades y optimiza la velocidad de recuperación.1

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